sábado, 27 de febrero de 2010

HOMILÍA PRIMER DOMINGO DE CUARESMA

En la primera Lectura, Moisés le enseña al Pueblo a ser agradecidos con Dios. Si prestamos atención vamos a ver que hay muchos elementos comunes con nuestra liturgia actual:
. La ofrenda presentada ante el sacerdote. Es el esfuerzo del trabajo, las primicias de nuestras realizaciones. Un modo de devolverle a Dios lo que Él nos ha dado primero a nosotros.
. La oración de memorial. Hace presente la historia de la salvación con el reconocimiento que Dios ha liberado a su Pueblo de la esclavitud. Este memorial recitado al modo de un Credo o símbolo de fe, no sólo recuerda el pasado sino que lo hace presente. Dios sigue siendo el Dios que libera y cura, el Dios de la Alianza.
. La adoración. El encuentro con Dios tiene que ser un encuentro de adoración, donde la criatura se reconoce pobre, indigente, necesitada y reconoce en Dios al único Señor capaz de liberarla. Adorar a Dios es reconocer que Él es Dios y que no hay ninguno más. Es reconocer nuestra propia miseria. Nada le añade nuestra adoración a Dios, pero sí a nosotros porque nos hace participar de su gloria. Como nos enseña san Ireneo “ Del mismo modo, el servir a Dios nada le añade a Dios, ni tiene Dios necesidad alguna de nuestra sumisión; es él, por el contrario, quien da la vida, la incorrupción y la gloria eterna a los que lo siguen y sirven, beneficiándolos por el hecho de seguirlo y servirlo, sin recibir de ellos beneficio alguno, ya que es en sí mismo rico, perfecto, sin que nada le falte. La razón, pues, por la que Dios desea que los hombres lo sirvan es su bondad y misericordia, por las que quiere beneficiar a los que perseveran en su servicio, pues, si Dios no necesita de nadie, el hombre, en cambio, necesita de la comunión con Dios.
En esto consiste la gloria del hombre, en perseverar y permanecer en el servicio de Dios” No adorar es creerse dios.

En la segunda Lectura San Pablo nos enseña el camino de la salvación que pasa por creer y dar testimonio de Jesús. No basta con solo creer, sino que es necesario dar testimonio. Lo que la Iglesia llama discípulo misionero de Jesucristo. Es por tanto necesario creer con el corazón y anunciar con los labios que Él es el Señor que ha resucitado de entre los muertos.
No alcanza con sólo decir “Señor, Señor”, si esa fe no va acompañada de obras. Tampoco las obras por sí mismas nos salvarán si no son manifestación de nuestra fe.
A vivir esta fe estamos llamados todos, ya no hay diferencia, dice San Pablo entre judíos y no judíos.

Hasta aquí vemos un rasgo común y esencial a la fe judeo cristiana. Es una fe comunitaria, que tiene como origen y fin al Dios Creador y Liberador. Que diviniza las realidades humanas elevando nuestro trabajo hacia el Cielo y que reconoce a Dios como el único Dios y objeto de nuestra adoración.

Hay personas que dicen “yo creo en Dios a mi manera” o “yo creo en Dios pero no en la Iglesia” o “yo rezo a mi manera”. Este pecado es fruto del relativismo en el que hemos caído, todo da igual. Es el cambalache del que ya nos habló Discépolo. El relativismo, tan denunciado por el Papa, es la ideología que nos hace creer que todo está bien si nos hace sentir bien. Eso conduce al subjetivismo. Ya no hay normas comunes fundadas en la ley natural sino que cada uno hace lo que “siente” lo que cree mejor sin escuchar la voz de Dios ni la voz de los hermanos. Se han creado teologías y doctrinas personales para justificar la falta de fe y de compromiso serio con Dios. Este camino, que lamentablemente muchos han elegido para sí y para sus hijos, conduce necesariamente a la esclavitud y a la muerte. Este subjetivismo lleva al egoísmo y la manifestación más clara es decir “Dios me salvará a mí a mi manera”. ¡Qué tristeza produce el ver a tantos padres, o responsables de otros, que se ocupan sólo de su salvación y no invitan u obligan a sus hijos a adorar a Dios como Él desea ser adorado! Siempre pienso en aquellas palabras de Jesús: “el que come mi Carne y bebe mi Sangre tendrá la Vida eterna y yo lo resucitaré en el último día”. ¿Qué fe tienen esos padres que no se afanan porque sus hijos se alimenten de este Pan y este Vino?

En el Evangelio Lucas nos relata las tentaciones de Jesús en el desierto.
La tentación es algo que puede venir de nuestro interior, en donde dice Jesús nace el pecado y la maldad. Así es el egoísmo, la envidia, los pensamientos y deseos impuros, los adulterios, la maldad, la infidelidad, la deslealtad. Pero puede provenir también desde el exterior, como es en el caso de las tentaciones que debió padecer Jesús.
Así de dentro y de fuera buscan separarnos de Dios, de sus proyectos, de sus caminos. Es como cuando alguien que se dice nuestro amigo nos habla mal de otro para que nos separemos. Pero hay una voz más fuerte, más firme, que puede vencer esas otras voces si disponemos el corazón para escucharla. Hace falta tener un oído muy fino, un silencio atento, un corazón dócil.

Siguiendo el mensaje cuaresmal que iniciamos el miércoles de Ceniza podríamos decir que Jesús, que es la Belleza, se enfrenta al demonio, que es la fealdad personificada. El demonio quiere apartarlo de Dios y lo prueba poniendo en tela de juicio la filiación divina de Jesús “si eres el Hijo de Dios…”. Quiere que Jesús renuncie a la Belleza por un poco de pan. Así sucede con los que se han olvidado de Dios por tener algo más. Se han dejado seducir por el demonio que les ofrece bienes materiales. Son los que dicen “yo creo en Dios pero tengo que trabajar. No puedo ir a Misa porque estas obligaciones me lo impiden” Estas personas se han dejado seducir por el demonio. Cuando hay algo o alguien que sea más importante que Dios, tengan por seguro que han caído en las garras del demonio.
En al segunda tentación el demonio quiere que Jesús lo adore a cambio de todos los reinos que se ven desde la altura. ¡Cuántas veces el poder pierde a las personas! El poder debe ser servicio, no opresión. Estamos acostumbrados a un poder egoísta que sólo busca su propio bien. Eso es demoníaco, sea quien sea el que lo ejerza. El Papa nos habla de la Justicia de Dios que es Jesucristo, Él es la justicia de Dios para nosotros, Él ha pagado el precio de nuestro rescate. Cuando el poder se corrompe nos aleja de la justicia divina. Cuando somos corruptos en nuestras relaciones comerciales, en nuestro trabajo, con nuestros compañeros o empleados, nos hemos dejado seducir por el demonio y hemos caído en su trampa.
La última tentación es quizás la peor de todas porque como dice Jesús “no tentarás al Señor tu Dios”. A veces tentamos a Dios poniéndonos al límite de la insolencia. Así obran quienes dicen “hago lo que quiero total Dios me va a perdonar” y no reconocen nunca su pecado. Es la tentación en la que han caído quienes se han hecho normas propias y no quieren obedecer a Dios y a la Iglesia.

Hermanos, Jesús nos muestra que hay dos caminos. Para seguir el suyo contamos con su gracia que nos da en la Palabra y los Sacramentos. “Tú eres mi Dios y en Ti confío”. Ese es el único camino que nos conduce a la Belleza, al Bien y a la Verdad. El otro camino nos lleva a la esclavitud, al encierro en nosotros mismos y a la muerte eterna. Cada uno sabrá cuál elige.
El que tenga oídos para oír que oiga.

Amén.

HOMILÍA MIÉRCOLES DE CENIZAS

Como dice nuestro obispo “con la celebración del miércoles de Ceniza, nos comprometemos a recorrer juntos como Iglesia, el camino hacia la Pascua. Necesitamos integrar nuestra vida en el Misterio Pascual, ser iluminados y renovados desde denro de nuestra realidad personal, familiar y comunitaria”

Comenzamos con imposición de las cenizas. La ceniza, del latín “cinis”, es producto de la combustión de algo por el fuego. Por extensión, pues, representa la conciencia de la nada, de la muerte, de la caducidad del ser humano, y en sentido trasladado, de humildad y penitencia.
Ya podemos apreciar esta simbología en los comienzos de la historia de la Salvación cuando leemos en el libro del Génesis que “Dios formó al hombre con polvo de la tierra” (Gen 2,7). Eso es lo que significa el nombre de “Adán”. Y se le recuerda enseguida que ése es precisamente su fin: “hasta que vuelvas a la tierra, pues de ella fuiste hecho” (Gn 3,19). En Gén 18, 27 Abraham dirá: “en verdad soy polvo y ceniza. En Jonás 3,6 sirve, por ejemplo, para describir la conversión de los habitantes de Nínive. La ceniza significa también el sufrimiento, el luto, el arrepentimiento. En Job (Jb 42,6) es explícítamente signo de dolor y de penitencia.
El gesto simbólico de la imposición de ceniza en la frente, se hace como respuesta a la Palabra de Dios que nos invita a la conversión, como inicio y entrada al ayuno cuaresmal y a la marcha de preparación para la Pascua. La Cuaresma empieza con ceniza y termina con el fuego, el agua y la luz de la Vigilia Pascual. Algo debe quemarse y destruirse en nosotros -el hombre viejo- para dar lugar a la novedad de la vida pascual de Cristo.

Por eso cuando nos acerquémos a recibir las cenizas, meditemos muy bien en nuestro corazón las palabras que pronunciará el celebrante al imponérnoslas en forma de Cruz: “Arrepiéntete y cree en el Evangelio” (Cf Mc1,15) y “Acuérdate de que eres polvo y al polvo has de volver” (Cf Gén 3,19). Para que de verdad sea un signo y unas palabras que nos lleven a descubrir nuestra caducidad, nuestro deseo y necesidad de conversión y aceptación del Evangelio, y el deseo de recibir la novedad de vida que Cristo cada año quiere comunicarnos en la Pascua.

Todos los hombres, también los cristianos, también los que se creen muy buenos, necesitamos un cambio de mente, una metanoia, una conversión. Es como cuando llevamos la computadora a arreglar y le borran todo el disco para empezar de nuevo. Quizás a lo largo del año vamos llenando nuestro corazón, nuestros sentidos y nuestras mentes de aquellas cosas que lejos de acercarnos a la felicidad nos apartan de ella. Cosas y tal vez personas que nos infectan, nos manchan, nos alejan del camino. Imágenes, palabras, sentimientos, reconres, broncas….. que arrugan nuestro corazón y no nos permiten amar con libertad. Cuando las cosas nos esclavizan, terminan siendo nuestros amos. Cuando las personas nos hacen daño, nos hieren, nos conducen por caminos equivocados, se burlan de nuestra fe, desprecian a quienes amamos…. se transforman en un verdadero peligro que pone en riesgo nuestra felicidad. Como la computadora, nos llenamos de virus que no nos dejan funcionar. Sólo el hombre que pone su confianza en Dios, que se sabe débil y pecador, se humilla ante su Creador y busca el camino que lo conduce hacia Él como el enamorado busca el camino que lo lleva a la casa de su amor. De esto se trata la conversión, de limpiar nuestra vida, y de proponernos comenzar una nueva vida iluminada por la luz de la Pascua. Como la ceniza desaparecemos para resucitar con la Luz de Cristo.

Permítanme indicarles dos caminos que nos señalan nuestros Pastores como medios para alcanzar la conversión, o mejor dicho seguir creciendo en el conocimiento y amor de Dios que nos llevará a la santidad de vida y nos hará agradables, no sólo a Dios sino también a los hermanos, a los que necesitan que seamos buenos, que seamos santos.

Por un lado Mons. Martini nos propone el camino de la Belleza. Dios es la Belleza en sí mismo. “La Cuaresma vivida como búsqueda y encuentro, nos hace sensibles a la belleza luminosa de la Pascua, como el paso de la muerte a la Vida y del pecado a la gracia de hombres nuevos, embellecidos por las manos del Creador y Redentor”
La Belleza nos atrae, produce en nosotros un deseo que nos mueve a buscarla. ¡Cómo corre el enamorado a buscar a su amada, cómo suspira por la ausencia de su amor! ¡Cómo corren los turistas buscando la belleza de los paisajes! “Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti Señor”. Así debemos correr nosotros en busca de Dios. Para hacerlo necesitamos levantar los ojos del piso, de la tierra de nuestra vida cotidiana hacia lo trascendente. Tenemos que aprender a mirar al Cielo y así unir en nosotros el Cielo y la tierra. Dejémonos atraer y admirar por la Belleza de Dios!!! “Somos atraídos por Jesús de diversas maneras- agrega Martini- y muchos sin saberlo en el sufrimiento y en el amor sano a los demás”. Jesús nos habla en su Palabra y nos alimenta con su Cuerpo y Sangre. Si nos enamoramos de la Belleza de Jesús, Él es la Belleza, entonces nuestra relación con Él dejará de parecernos una obligación, sino que se convertirá en un deseo profundo, en una necesidad que hará que cada Eucaristía, cada Domingo, nos veamos ansiosos por encontrarnos con Él. Viviremos los días que nos separan entre domingo y domingo con la ansiedad del enamorado, con el deseo profundo de un amigo que espera encontrarse con su amigo.

Por otro lado el Santo Padre nos habla de la justicia de Dios que se ha manifestado por la fe en Jesucristo, tomando como texto de referencia Rm. 3,21-22.
La justicia es la virtud por la que a cada uno se le da lo suyo. Pero ¿qué es lo suyo? nos interpela el Papa. ¿Qué es lo más propio del hombre? “Los bienes materiales ciertamente son útiles y necesarios (es más, Jesús mismo se preocupó de curar a los enfermos, de dar de comer a la multitud que lo seguía y sin duda condena la indiferencia que también hoy provoca la muerte de centenares de millones de seres humanos por falta de alimentos, de agua y de medicinas), pero la justicia “distributiva” no proporciona al ser humano todo “lo suyo” que le corresponde. Este, además del pan y más que el pan, necesita a Dios. Observa san Agustín: si “la justicia es la virtud que distribuye a cada uno lo suyo... no es justicia humana la que aparta al hombre del verdadero Dios” (De Civitate Dei, XIX, 21).
La necesidad de conversión, viene entre otras cosas, de la necesidad deliberarnos del impulso egoísta. “Abierto por naturaleza al libre flujo del compartir, siente dentro de sí una extraña fuerza de gravedad que lo lleva a replegarse en sí mismo, a imponerse por encima de los demás y contra ellos: es el egoísmo, consecuencia de la culpa original. Adán y Eva, seducidos por la mentira de Satanás, aferrando el misterioso fruto en contra del mandamiento divino, sustituyeron la lógica del confiar en el Amor por la de la sospecha y la competición; la lógica del recibir, del esperar confiado los dones del Otro, por la lógica ansiosa del aferrar y del actuar por su cuenta (cf. Gn 3,1-6), experimentando como resultado un sentimiento de inquietud y de incertidumbre. ¿Cómo puede el hombre librarse de este impulso egoísta y abrirse al amor?”
“Para entrar en la justicia es necesario salir de esa ilusión de autosuficiencia, del profundo estado de cerrazón, que es el origen de nuestra injusticia. En otras palabras, es necesario un “éxodo” más profundo que el que Dios obró con Moisés, una liberación del corazón, que la palabra de la Ley, por sí sola, no tiene el poder de realizar. ¿Existe, pues, esperanza de justicia para el hombre?”
En otras palabras ¿puede el hombre recibir lo que le corresponde? La respuesta es enfática: Si, si cree en Cristo que ha pagado la culpa de todos. “Dios ha pagado en su Hijo por nosotros el precio del rescate”
Muchas veces sufrimos por la personalidad que tenemos y nos proponemos cambiar buscando distintos medios: psicólogos, asesores, esfuerzos. Todo eso puede ayudar. Pero si no tenemos la ayuda de la gracia, difícilmente podamos mantenernos en el cambio. “Convertirse a Cristo, creer en el Evangelio, significa precisamente esto: salir de la ilusión de la autosuficiencia para descubrir y aceptar la propia indigencia, indigencia de los demás y de Dios, exigencia de su perdón y de su amistad.”
“Se entiende, entonces, como la fe no es un hecho natural, cómodo, obvio: hace falta humildad para aceptar tener necesidad de Otro que me libere de lo “mío”, para darme gratuitamente lo “suyo”. Esto sucede especialmente en los sacramentos de la Penitencia y de la Eucaristía. Gracias a la acción de Cristo, nosotros podemos entrar en la justicia “más grande”, que es la del amor (cf. Rm 13,8-10), la justicia de quien en cualquier caso se siente siempre más deudor que acreedor, porque ha recibido más de lo que podía esperar.”
La justicia humana exige vindicación, equidad, que el agresor reciba su merecido. La justicia divina en cambio, solo pide amor, que nos sintamos deudores de Dios, porque no tenemos modo de pagar por su amor.
Para terminar deberíamos preguntarnos ¿cómo podemos ser justos con Dios? ¿Qué le corresponde a Él? ¿Qué es lo “suyo”? ¿Si nos ha comprado al precio de la Sangre de su Hijo Único, si no tuvo en cuenta el dolor de Jesús en la Cruz para salvarte a vos, para salvarme a mí? La respuesta es muy simple: A DIOS LE CORRESPONDEMOS NOSOTROS, SOMOS SUYOS, A ÉL PERTENECEMOS. A ÉL LE PERTENECEN NUESTROS HIJOS.

Por eso hermanos para concluír, dejémonos atraer por la Belleza, dejémonos amar por Dios. Escuchemos su Palabra, recibamos su Cuerpo y Sangre. Dejémonos cuidar, proteger, curar por el Dios que es Amor. No seamos egístas con Él. No lo pongamos en segundo lugar. Démosle en nuestra vida el lugar que le corresponde, el primero y principal. No lo cambiemos por excusas pobres que sólo demuestran nuestra falta de fe y de amor. Y seamos justos con los nuestros, démosle lo que les corresponde. A veces vamos a encontrar rechazo o resistencia. Me pregunto cuando un hijo está enfermo y debe tomar un remedio que no le gusta ¿se lo dejamos de dar? Y cuando tiene que levantarse temprano para ir a la escuela y se queja ¿lo dejamos de mandar? ¿Por qué entonces cuando debemos darle a Dios, bajamos los brazos ante su resistencia? ¿no será acaso porque nos falta fe?

Que todos estos pensamientos nos ayuden a transitar la Cuaresma en oración, ayuno y penitencia para llegar a la Pascua del Señor con alegría profunda en el corazón, desprendidos de la fealdad e injusticia del mundo que nos rodea.

Amén.

viernes, 12 de febrero de 2010

MENSAJE DE CUARESMA DEL OBISPO DIOCESANO DE SAN JUSTO






Mons. BALDOMERO CARLOS MARTINI
Obispo de San Justo








MENSAJE EPISCOPAL CUARESMA 2010

ATRAERÉ A TODOS HACIA MI”

Queridos Hermanos: Con la celebración del miércoles de Ceniza, nos comprometemos a recorrer juntos como Iglesia, el Camino hacia la Pascua. Necesitamos integrar nuestra vida en el Misterio Pascual, ser iluminados y renovados desde  dentro de nuestra realidad personal , familiar y comunitaria. Es un tiempo de Conversión, Penitencia y Oración, bajo el dinamismo del Espíritu Santo, escuchando el querer de Dios, en la Palabra acogida  y vivida y en el encuentro sacramental con Cristo. Caminamos hacia Jerusalén para abrazar la Cruz, como la expresión más grande del Amor de Dios por cada uno de nosotros, tan necesitados de liberación.
Reciban esta Palabra como espíritu y lema Cuaresmal:“ Cuando Yo  sea levantado en alto sobre la tierra, atraeré a todos hacia Mí. ( Jn 12,32)  Jesús decía esto para indicar cómo iba a morir”

1. NOS  ATRAE A TODOS , CREYENTES Y NO CREYENTES.
 Mis amigos , “Dios quiere que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad” (2 Tim 2,4). Lo he comprobado en mi vida  y  descubierto en la vida de quienes se han convertido .
El amor de Dios se derrama en nuestros corazones y está a la puerta esperando que le abramos, nos busca con señales inimaginables. Les decía el Papa  a los artistas “ Este mundo en que vivimos tiene necesidad de la belleza para no caer en la desesperanza. La belleza como la verdad es lo que pone la alegría en el corazón de los hombres; es el fruto precioso que resiste a la usura del tiempo, que une las generaciones  y las hace comunicarse en la admiración” En la cuaresma afinamos  las conciencias para descubrir ó para tener una mirada nueva  sobre  nuestra vida y sus fealdades  y  así sentir la necesidad de una experiencia superadora en el vivir cotidiano. “La experiencia de la auténtica belleza, no efímera ni superficial, no es  algo secundario en la búsqueda del sentido de la vida y de la felicidad, porque esa experiencia no aleja de la realidad, sino al contrario, lleva  a una confrontación abierta con la vida diaria, para liberarla de la oscuridad y transfigurarla, a fin de hacerla luminosa y bella”. La Cuaresma vivida como búsqueda y encuentro, nos hace sensibles a la belleza luminosa de la Pascua, como el Paso de la muerte a la Vida y del pecado a la gracia de hombres nuevos y por lo tanto embellecidos  por  las manos del Creador y del Redentor. “La belleza es clave del misterio , llamada y camino hacia  lo trascendente, hacia el Misterio último, es decir hacia Dios. ¿Qué belleza salvará al mundo?  nos interpelaba en una Cuaresma el cardenal Martini y nos respondía: con la belleza de la Cruz , de la Palabra , de la Oración , del Sacrificio y del Dios que es Comunión de la Trinidad. Este es un tiempo para dejarnos atraer por la Belleza de un Dios que es el amor que salva y descubrir que somos atraídos por Jesús de distintas maneras y muchos sin saberlo, en el sufrimiento y en el amor sano, a los demás .La sensibilidad por la auténtica belleza, nos capacita para una relación con Dios  que nos realiza y por un encuentro sanante con los demás que nos dignifica y madura en fraternidad como rostro humano de la comunión.

2. QUE LOS SACERDOTES NOS DEJEMOS ATRAER POR EL CRISTO DE LA CRUZ.
Jesús nos quiere mucho, tiene una mirada especial, desde la Cruz  para hacernos  experimentar a todos, su amor hasta el extremo . Nos dice en Juan: “ Nadie puede venir a Mi, si el Padre no lo atrae ” (6,44) y es el Espíritu Santo el que nos hace sentir  esta ternura y nos revela la belleza de la Cruz, que  manifiesta la belleza de la Trinidad y de toda  su obra creadora y redentora .  La Belleza de Dios y la belleza de la Salvación de todos, nos debe apasionar en el caminar de cada día y despertar, la generosidad de nuestra entrega.  Llamados a ser como un cáliz vacío , como María al pié de la Cruz, que se deja llenar de todo lo que es  y hace Cristo. Él, por el Espíritu de Santidad, recibido en la Ordenación, nos hace vivir el Amor del Padre, con un corazón que se deja convertir cada día : por la belleza de su Palabra, que ilumina el peregrinar y disipa las oscuridades del andar; por la belleza de la Oración que nos lleva a la intimidad con el Dios vivo y nos capacita para vivir la caridad pastoral, el amor y el encuentro maduro con los hermanos que se nos confiaron.; por la belleza del sacrificio(ascesis), que nos hace fuertes en la fidelidad , haciendo de nuestra vida una ofrenda de amor, capaces de dar testimonio  de haber sido llamados para amar y servir hasta el fin.
El amor sacerdotal  se vuelve antorcha luminosa y atrayente, en la comunión con la Cruz del Señor de la Vida y del Amor. Recuerdo con alegría el testimonio fiel, de tantos sacerdotes en mi vida.
En esta Cuaresma del Año sacerdotal, en cada Eucaristía,  sacramento de la Nueva y Eterna Alianza reavivemos el Carisma de Dios recibido por la imposición de las manos  y renovemos nuestra alianza de Amor con el Cristo que nos envía como discípulos y misioneros de su Cruz y de su Pascua. Con ustedes quiero celebrar y anunciar la belleza de la Vocación que hemos recibido como Don y Misterio, para bien del Pueblo sacerdotal de todos los fieles.
“Seamos agradecidos por los dones recibidos y plenamente concientes de la  gran responsabilidad de comunicar la Belleza que salva” especialmente a los jóvenes, todavía sensibles a la Belleza que salva, del abismo de la mediocridad y el sin sentido que debilita la esperanza.

3. JÓVENES ¡ ÁBRANLES LAS PUERTA DE SUS VIDAS AL REDENTOR!
Nos enseña Benedicto XVI:  “El núcleo más profundo de nuestro ministerio sacerdotal  es ser amigos de Cristo (Jn15,15), amigos de Dios, por cuya mediación también otras personas puedan encontrar Su cercanía. En nuestras comunidades todos estamos llamados a esta amistad, pero nosotros, los pastores estamos urgidos,  para que ayudemos a los jóvenes, a experimentar  esta amistad y este amor de Cristo, que sigue llamándolos a ser cristianos y a algunos para ser nuestros sucesores en un mundo necesitados del amor sacerdotal . La ciudad está llena de rostros de jóvenes que nos interpelan a todos. Como testigos de esperanza, hagamos sentir presente en  medio de ellos a Cristo, que  los mira con amor y les dice: vendan todo lo tienen y denlo a los pobres y tendrán un tesoro en el cielo  y luego a cada uno ¡Ven y Sígueme! . Nosotros sacerdotes y  fieles pongamos a los jóvenes delante de Jesús para que Él los tome de la mano y puedan  escuchar: “¡Joven yo te lo ordeno,  levántate! (Lc.7,14) y así los sane  , los libere y los resucite. Se descubran  amados  y “les  vuelva abrir los ojos del corazón y de la mente, dándoles alas e impulsándolos hacia lo más profundo de la belleza   como clave del Misterio, de un Dios que es amor y llamada  para algo  maravilloso en el Hoy de la Historia. Con nuestro testimonio de cristianos y de sacerdotes seamos despertadores de  las conciencias juveniles ante el Cristo que los abraza, les impone las manos y los bendice, susurrando una palabra muy dentro de cada uno y es su nombre propio y el de la misión que les confía. Como padres díganles: ¡Jóvenes, déjense atraer por Jesús-Amor!

Queridos Hermanos/as todos :  Los invito a caminar juntos en este hermoso tiempo de transformación y de transfiguración de la vida, para que todos , pastores y fieles,  preparemos a los jóvenes a vivir una Pascua  bella y luminosa. Realicemos gestos concretos de amor y perdón como cristianos y ciudadanos. Edifiquemos a Argentina  como  patria de hermanos y  una Comunidad cristiana que resalte nuestra matriz cultural católica , que sea servidora de la belleza de los valores de la vida, del matrimonio y la familia.  Comprometidos todos, en el trabajo del Padre creador y del  Hijo  que realizó el trabajo de la Redención , cargando sobre sí nuestras dolencias y pecados.

Los abrazo con mi bendición pastoral y mi comunión con los padecimientos de Cristo en cada unos de ustedes y los exhorto a vivir la Cuaresma con un corazón que quiere dejarse convertir,  ayudados por María , Madre, que cuida de la santidad y pureza de sus hijos.

¡DIOS ES AMOR!  ¡YO BUSCO TU ROSTRO, SEÑOR!


                                                                                             +Baldomero Carlos, Obispo de San Justo


¡ENVÍA OPERARIOS A TU MIES, SEÑOR!

jueves, 11 de febrero de 2010

NUESTRA SEÑORA DE LOURDES

 El año 1858 la Inmaculada Virgen María se apareció a Bernarda Soubirous en la gruta de Massabielle, cerca de Lourdes (Francia). Por medio de esta humilde niña, María llama a los pecadores a la conversión y promueve en la Iglesia un gran celo de oración y de caridad, sobre todo como servicio a los enfermos y a los pobres.
"Ven en ayuda de nuestra debilidad, Dios de misericordia, y haz que, al recordad hoy a la Inmaculada Madre de tu Hijo, por su intercesión nos veamos libres de nuestras culpas."

miércoles, 10 de febrero de 2010

SANTA ESCOLÁSTICA, virgen

Hermana de San Benito, nació en Nursia (Italia), hacia el año 480. Se consagró a Dios, junto con su hermano, al cual siguió hasta Montecasino, donde murió hacia el año 547.
"Al celebrar la fiesta se Santa Escolástica, virgen, te pedimos, Señor, que,. siguiendo su ejemplo, te sirvamos con un amor puro y experimentemos las delicias de tu amistad."